lunes, 12 de septiembre de 2011

Cómo tu sistema inmunológico controla tus sentimientos hacia las demás personas


La inmunología también tiene su contraparte psicológica y hace que nos acerquemos o alejemos de personas que pueden amenazar nuestra salud.
Nuevas investigaciones muestran que nuestros sistemas inmunológicos también actúan psicológicamente para protegernos de agentes patológicos, operando de manera sutil para alejarnos de las personas que pueden contagiarnos alguna enfermedad. 
Científicos de la Universidad de Kentucky y de la Universidad de Florida descubrieron evidencia de que una respuesta inmune biológica puede  propiciar una reacción inmune psicológica —lo cual apoya la noción de que existe una interacción adaptativa entre nuestros sistemas biológicos y psicológicos, creando una psicobiológica integral de la salud del cuerpo-mente.
Científicos recientemente han empezado a referirse también a un sistema inmunólogico de comportamiento: aquel que nos mueve a alejarnoss cuando un niño está apunto de embarrarnos sus mocos y quizás también el que nos sugiere no acostarnos con una chica o un chico enfermo.
Científicos han notado que la activación en el sistema inmunológico del comportamiento (o conductual) puede activar altos niveles de respuesta inmune biológica. De manera similar a como funcionan las neuronas espejo, cuando observamos, por ejemplo, si tenemos una inmunología sana, a una persona con una lesión en la piel esto puede incrementar la producción de nuestros linfocitos B.
La investigación de estas universidades estadounidenses ha mostrado ahora que también la activación del sistema biológico detona la activación del sistema psicológico.
En un primer experimento se le mostró a unos voluntarios una serie de rostros, algunos desfiguradas (con lesiones o con gestos conspicuamente distorsionados, estornudando, por ejemplo) y otros normales. Después de la aparición de cada rostro, un círculo o cuadrado aparecía en la pantalla y el voluntario tenía que indicar, apretando un botón con la mayor rapidez posible, qué forma geométrica había aparecido . Un mayor retraso entre el tiempo en que el participante apretaba el botón significaba que había prestado más atención al rostro.
Después de la prueba, los voluntarios respondieron una serie de preguntas determinando la proximidad de su última enfermedad. Los investigadores notaron que entre más reciente había estado enfermo un voluntario, era más probable que  prestara atención a los rostros desfigurados y no tanto a los rostros normales. Las personas que no habían estado enfermas recientemente reaccionaban de la misma forma ante ambos tipos de rostros.
En una segunda prueba los voluntarios observaron un rostro desfigurado y un rostro normal, y se les pidió que respondieran llevando una palanca hacia ellos si el rostro era normal (indicando acercamiento) y alejando la palanca si el rostro estaba desfigurado (indicando repulsión).
Los voluntarios que habían estado enfermos alejaron la palanca con mayor velocidad que los que habían estado sanos recientemente, y entre más enfermo había estado el voluntario con mayor velocidad se realizó la operación.
“Cuando las personas han estado recientemente enfermas, y por esto han activado recientemente sus sistemas inmunológicos, tienen mayor tendencia a poner atención y evitar los rostros desfigurados”, dice el Dr. Miller, quien aplicó estas pruebas y quien sugiere además que las personas recientemente enfermas interpretan estas señales visuales como posibilidades de contagio.
Los investigadores creen que existe una relación bidireccional entre ambos sistemas inmunológicos, tal que cuidan de alguna forma sus espaldas: si uno falla el otro provee una solución alternativa.
El sistema inmunológico también nos manipula en la selección de pareja para reproducirnos por medio del llamado “complejo mayor de histocompatibilidad”, que nos hace, siguiendo las señales de la simetría facial y de los olores corporales, seleccionar a una pareja con compatibilidad genética —siempre y cuando nuestro cuerpo esté funcionando de manera adecuada (tomar pastillas anticonceptivas, por ejemplo, puede hacer que no sea capaz de recibir las señales de histocompatibilidad).
Fuente: IO9

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